lunes 23 de noviembre de 2009

Grandes Noticias.

Hace ya tiempo que debería haber contado esto porque realmente es lo más importante que tengo, pero parece que escribir a veces depende de lo mal que vayan las cosas o de como esté mi estado de ánimo.
Ya he contado más veces aquí que mi niño tenía problemas. Pero como es tan pequeño ningún médico ha dado un diagnóstico o una valoración clara de lo que podía pasarle. El termino que ahora utilizan para niños sin diagnóstico que aparentemente tienen algún problema sin especificar es retraso madurativo y eso es lo que nosotros hemos sabido hasta ahora. Eso solo significaba que no alcanzaba los hitos del desarrollo a tiempo. Ahora tiene un añito y un mes. En este tiempo que ha sido muy muy duro, ha habido lágrimas y alegrías. Hemos pasado por pediatras,neurólogos, psicólogos, fisioterapeutas, cardiólogos, para no llegar a ninguna conclusión. Llevamos desde marzo asistiendo 4 días a la semana a terapia (fisioterapia que yo siempre pensé que no le hacía falta) y terapia ocupacional. Las especulaciones eran que podría ser un TGD o Autismo. A pesar de que siempre te dicen que no busques información por Internet para mi ha sido inevitable buscar información y he visto foros, he hablado con otros padres, he visto infinidad de blogs, estudios, y he pasado por infinidad de fases, incredulidad, dolor, negación y finalmente aceptación. Tras todo este peregrinaje yo no había conseguido disfrutar de mi hijo, hasta esa fase de aceptación. En Julio aproximadamente (cuando tenía 9 meses más o menos) decidí que lo mejor que podía hacer era no agobiarme en buscar un porqué y centrarme en buscar una solución y disfrutar de mi hijo y así lo hice. Seguimos acudiendo a terapia y a las revisiones que nos marcan y yo he disfrutado de un verano fantástico sin preocuparme, sin angustiarme y simplemente centrándome en que mi hijo fuera feliz y disfrutara también de una madre feliz. Y así ha ido pasando el tiempo, y todo lo "raro" que yo veía en mi hijo ha ido desapareciendo hasta tal punto, que ahora mismo yo estoy totalmente tranquila, y habrá que ver como evoluciona, pero ya partiendo desde una "normalidad". Esto han sido solo impresiones de madre, pero estas impresiones se han ido confirmando en los últimos meses por los médicos y terapeutas que le tratan. En las últimas revisiones nos han dicho que se ha normalizado totalmente su comportamiento y que ahora mismo está al mismo nivel de niños de su edad e incluso por encima de su edad en alguno de los hitos del desarrollo. Así que seguiremos en terapia aún un par de meses más para seguir de cerca su evolución pero probablemente en enero nos den el alta. Y me emociono cada vez que lo pienso y es algo tan grande que todo lo demás que me ocurre se queda pequeño al lado de esto.
Así que ha sido un año muy duro, aunque a la vez ha sido el año más gratificante de mi vida.
Y además mi niño se ha soltado a andar ya, así que ahora me toca a mi ponerme a correr.

Y he preferido contar esto ahora que es una gran noticia y que contrasta con mi estado de animo de los últimos días, así que noticias felices es lo que hace falta.

lunes 16 de noviembre de 2009

Dormir desnuda

Hoy tengo la necesidad de dormir desnuda. Notar el roce de las sábanas contra mi cuerpo. Las sábanas están frías así que me acurruco hasta empezar a entrar en calor. Y es una sensación agradable quedarse dormida mientras notas que el frío empieza a desaparecer y el sueño te envuelve.
Me despierta un roce, en mi culo. Y una mano acariciando mi pecho. Lo que noto en mi culo es su pene, erecto ya, apoyándose en mis nalgas queriendo abrirse paso. Así que me abro un poco para ponérselo fácil. Su mano sigue en mi pecho y con la palma abierta empieza a rozar mi pezón.
Me mete los dedos en la boca, le chupo los dedos, pero no es para él, sino para mi, cuando su mano está bien mojada la lleva a mi sexo para humedecerlo. Y con su mano mojada y mi sexo humedecido empieza a masturbarme, su mano por delante, su pene por detrás, la otra mano en mi pecho. Yo me entrego a él, por completo.
El me habla, me pregunta qué quiero, y quiero que siga, y que no pare, que siga tal y como está ahora, pero no quiere. Me da la vuelta y me pone boca abajo y comienza a follarme, me tira del pelo con cada empujón, así es como me tiene controlada, y me dice que me masturbe mientras el me folla. La postura es complicada, porque estoy boca abajo y me cuesta masturbarme mientras el me folla por la espalda. Pero es tanto mi deseo que lo hago. Estoy a punto de correrme cuando me obliga a parar, y me aplasta el cuerpo contra la cama. De repente sus movimientos son más lentos, pero más profundos y noto como su pene entra en mi por todo mi coño, como su pene me roza el clítoris, y sabe que así no puedo aguantar, empiezo a respirar entrecortadamente, noto como me voy a correr, y viene despacio, pero constante. Me sujeta las manos y me las pone a la espalda y así, completamente a su merced comienzo a correrme. El lo nota y empieza a aumentar el ritmo de sus movimientos mientras mi sexo se contrae sobre su pene y entonces se que él también se va a correr. Noto como se levanta un poco para sacar su polla de mi cuerpo y correrse sobre mi culo mientras le escucho un grito que ahoga su orgasmo.
No hablamos ninguno de los dos. Al rato se levanta para limpiarme, y de nuevo se vuelve a tumbar a mi lado.
Y ahora nos quedamos dormidos, los dos.
Hoy tenía la necesidad de dormir desnuda.

jueves 12 de noviembre de 2009

Asi me siento

Y esta canción refleja a la perfección como me siento en este momento y todo lo que he explicado en entradas anteriores.

".... No voy a sentirme mal
si algo no me sale bien
he aprendido a derrapar
y a chocar con la pared
que la vida se nos va
como el humo de ese tren
como un beso en un portal
antes de que cuente 10.

Y no volveré a sentirme extraño
aunque no me llegue a conocer
y no volveré a quererte tanto
y no volveré a dejarte de querer
dejé de volar me hundí en el barro
y entre tanto barro me encontré
algo de calor sin tus abrazos
ahora sé que nunca volveré
"



miércoles 11 de noviembre de 2009

Toca relfexionar.

Me he pasado 8 años intentando que mi marido se enamore de mi sin conseguirlo. Antes me parecía muy triste que él no estuviera enamorada de mi. Ahora ya no. Creo que he estado equivocada mucho tiempo. Creo que han sido 8 años de sufrimiento inutil e injustificado en el que además no he sabido disfrutar en absoluto de lo que ya tenía. Porque lo tenía todo (lo sigo teniendo todo en realidad). ¿Qué era lo que me faltaba entonces? Pues algo tan absurdo como la dependencia, como la necesidad, como todos esos sentiemientos que se tienen en los momentos de enamoramiento del principio y que siempre se acaban más tarde o más temprano y que hacen que dos personas se sientan imprescindibles la una para la otra. Para mi él era imprescindible. Yo para él no lo era.
Yo he estado dependiendo anímicamente de él durante 8 años aproximadamente. Y en todo ese proceso he desaparecido por completo, he atravesado una depresión, he dejado de ocuparme de mi misma para después dejarle a él de lado completamente, he tenido cambios de humor, he mentido intentando llevarle a mi terreno, me he mentido a mi misma, le he mentido a él, he fingido estar bien para luego caer de golpe, he llorado de manera silenciosa y de forma desesperada y en todo ese proceso no me daba cuenta de que ese comportamiento era lo que más le alejaba de mi. Ahora que pienso las cosas friamente me parece alucinante incluso que haya aguantado tanto porque en ocasiones podría decirse que estaba perdiendo la cabeza. Literalmente.
Cuando me enteré de que me estaba siendo infiel fue como si todo mi mundo se derrumbara. Fueron meses de muchísimo sufrimiento. Por primera vez pude entender a los suicidas porque llegó un momento que para mi era duro hasta respirar. Y aún así preferí seguir a su lado que dejarle porque no podía imaginar mi vida sin él. Y no me daba cuenta de que yo ya no tenía vida.
El día a día te va arrastrando sin pensar mucho y por suerte y porque tengo mucha gente a mi alrededor que me quiere seguí adelante sin que nadie supiera nada de lo que ocurría. Escribir también me ayudaba mucho.
Y durante mucho tiempo mientras lo superaba mi vida ha sido una completa farsa frente a los demás y frente a mi misma también. Yo he fingido ser parte de una familia normal donde aparentemente no pasaba nada. Y en serio, aparentemente no pasaba nada porque soy muy buena actriz. Lo que iba por dentro era sin embargo muy diferente. Tampoco él sabía nada porque yo nunca le he dicho todo lo que sabía. Nunca le he dicho que he leído sus mails, ni sus conversaciones por msn, ni sus mensajes de movil.
En ese tiempo nos hemos casado y hemos tenido un hijo, hasta ese punto ha llegado mi farsa. Sin dejar de quererle (obviamente a mi modo).
No se en qué momento todo eso ha cambiado.
Sé que ahora ha cambiado. En algún momento me he mirado al espejo y me he preguntado quien era y donde estaba y las cosas han empezado a cambiar y están cambiando y mucho.
Para empezar yo estoy bien, ya no siento esa necesidad, me vuelvo a sentir independiente, segura de mi misma, tranquila. Vuelvo a tener ganas de salir, de disfrutar, de follar, de vivir. Le sigo queriendo, mucho, pero supongo que ya he superado el dolor por saber que no estaba enamorado de mi y he superado el dolor de saber que ha estado con otras. Ahora ya no le investigo. No puedo sujetarle a mi lado, ni él tampoco puede sujetarme a mi a su lado. Si quiere irse con otra tiene vía libre para hacerlo. No porque yo quiera que suceda, simplemente porque por mucho que yo haga no voy a poder evitarlo. Y a la inversa sucede lo mismo.
Estar con una pareja es algo voluntario y en ningún caso responde a la voluntad de la otra persona.
Curiosamente ahora confío más en él que antes. Y no se si hace algo o no, pero tampoco me importa. Creo que lo que me da a mi está bien. Porque las cosas han cambiado, y mucho. Y mi cambio de actitud está provocando también un cambio de actitud en él asombroso. Así que parece que tras 8 años de sufrimiento ahora superado es obvio que la estrategia utilizada era erronea. Parece que lo único que yo debía hacer para atraerle es vivir mi vida y dejarle tranquilo y eso parece funcionar como un iman más potente que todos los llantos y todas las caricias.

lunes 9 de noviembre de 2009

¿Cómo mantener el interés?

No sé cual es el secreto para que una relación funcione. Yo no lo he descubierto. En ninguna de mis relaciones. Al final siempre se me acaba la pasión del principio.
Supongo que es algo normal, pero quizá lo que ocurre es que yo no se adaptarme a la evolución.
¿Cómo se puede mantener el interés cuando se comparten responsabilidades? ¿En qué momento de una relación esas responsabilidades pesan mas que la diversión?. ¿quizá sea que yo me acomodo? Pero no debo ser yo sola, toda la gente que conozco funciona, al menos en apariencia, de modo similar. Quien sabe, quizá luego en la intimidad de su dormitorio guarden un arsenal sexual que les haga la vida más entretenida. Pero pondría la mano en el fuego porque no es así.
¿qué es lo que ocurre para que una relación que era divertida, nos veíamos, salíamos, reíamos, bebíamos, follábamos, de repente se convierta en trabajo, facturas, supermercado, televisión y dormir?. ¿rutina? ¿costumbre? ¿cariño? ¿en qué momento ocurren todas esas cosas? Yo no me he dado cuenta.
No se acaba el amor, se acaban las risas, se acaba la complicidad, se acaba la pasión. Es curioso porque sin planteármelo me he encontrado haciendo ambas cosas. Y
Y ahora qué? ¿la buscas fuera? Mi marido es obvio que si. ¿y yo? ¿que hago?. ¿intento recuperar mi relación o la doy por perdida? ¿me busco la pasión fuera o la busco dentro de nuevo?. Y no hablo de sexo, disfruto de buen sexo. Hablo de emoción.
funciona. Me divierto, nos divertimos.

miércoles 4 de noviembre de 2009

Y si nos encontráramos?

Nos hemos intercambiado un par de mails, hemos intercambiado varias fotos. Como hemos cambiado. Porque yo le seguía recordando como cuando teníamos 16 años, pero claro, han pasado 20 años, ya no somos niños, aunque siguen estando ahí sus impresionantes ojos azules, mirándome, y me parece increible que después de tanto tiempo sigan ejerciendo sobre mi ese influjo.
Aprovechando un viaje de trabajo hemos quedado para comer y yo estoy nerviosa. No se como estará él. Quiero imaginar que él también estará nervioso. Cuando por fin nos acercamos lo suficiente dudamos entre darnos un beso en la mejilla, un apretón de manos, un abrazo... Es una situación violenta en la que los cuerpos con movimientos torpes no saben a qué orden obedecer, qué impulso seguir.
Nos damos dos besos en la mejilla. Es lo normal en esta situación.
Hemos quedado en un restaurante Italiano. A esta hora a pesar de que el ambiente es bastante íntimo, está lleno de ejecutivos con prisa que tienen una hora para comer el menú del día y salir corriendo. Nosotros desentonamos un poco en ese ambiente. No tenemos prisa. Nos sentamos con calma sin decir nada, miramos la carta en silencio, nos miramos de vez en cuando, aunque me da vergüenza, me salen sonrisas tontas, creo que incluso me estoy poniendo roja. El nota mi nerviosismo y sonríe. Dios, si sonríe así mientras me mira creo que no seré capaz de articular una palabra coherente durante toda la comida.
Me tiene bajo su influjo completamente, yo estoy nerviosa y él está tranquilo.
El camarero se da cuenta de la situación violenta que se está gestando en la mesa. ¿Cuántas veces habrá presenciado una escena similar?.
Pedimos para comer yo Tortellini y él Lasaña. Para beber vino de la casa. Un rosado.
Nos sirven el vino, mantenemos la copa en la mano, nos miramos a los ojos y brindamos por el reencuentro.
El vino hace que me tranquilice un poco aunque quizá estoy bebiendo más del que debiera. La comida transcurre con calma, charlamos animadamente, nos contamos nuestra vida. 20 años dan para mucho y sin embargo terminamos en el primer plato. El está con una chica desde hace 14 años, le gusta viajar e invierten sus vacaciones en conocer mundo. Acaba de regresar de un viaje a EEUU. Yo ya lo sabéis, casada, con un bebe.
Y en el segundo plato nos ponemos a hablar de lo que nos unió, aquel verano de hace tantos años. Hablamos de música, aún tenemos el disco de Depeche Mode y aún lo escuchamos de vez en cuando. Hablamos de baseball, cuando jugábamos en el solar que ahora se ha convertido en un planetario, hablamos de esquí y de monopatines y de snow y también de surf. Hablamos de aquellas tardes de verano en el banco debajo de casa hablando de todo y de nada. Hablamos de su habitación, de los ratos que pasamos descubriéndonos el uno al otro. Me pregunta si recuerdo su cuarto. Si recuero aquella tarde. Claro que lo recuerdo. Y de repente nos miramos y se hace de nuevo el silencio. Y él desvía la conversación hacia el trabajo. Me pregunta si estoy contenta con lo que hago. Algo ha pasado. De repente algo se ha roto. Decido seguirle la corriente, no voy a indagar. Algo ha pasado y no quiero perderlo de nuevo.
La comida ha transcurrido tranquila. Y ya veo que se termina nuestro tiempo. Llega el café, la hora de pagar, tenemos que irnos, cada uno a nuestras obligaciones.
Pero no quiero, así que decido invitarle a tomar el café en otro local. Eso nos dará un poco más de tiempo. Un paseo, otro lugar tranquilo.
Pagamos a medias. Yo quería invitarle ya que ha sido mía la idea de vernos, pero no quiere, así que accede a que paguemos a medias.
Y lo llevo al Barbieri. Vamos en mi coche. Me habla del tráfico en Madrid y me dice que él no podría vivir aquí, que le gustan más las ciudades pequeñas. Que vive en una ciudad por motivos laborales pero que si pudiera se iría a vivir a un pueblo pequeño, al lado del mar. Hablamos de lugares de la costa.
El barbieri está algo más estropeado que como lo recordaba aunque sigue manteniendo ese espíritu años 20 romántico e íntimo. Le sorprende el local. Nos sentamos y nos quedamos callados, frente a frente. Que de tiempo imaginando esa situación.
Y la conversación empieza a ponerse seria de nuevo. ¿qué has pensado todo este tiempo? ¿cómo es posible que sigamos sintiendo algo? ¿estas nervioso? ¿estas nerviosa? Ambos sabemos que no va pasar nada, ¿verdad? ¿porque no va a pasar nada?
Acerca su silla a la mía y roza mi mano, le dejo hacer.
Eva, siento lo que pasó. Me he arrepentido durante mucho tiempo. He pensado muchas veces en llamarte, en buscarte, en darte una explicación.
No le dejo seguir hablando. Ya hemos hablado de esto por mail. Ya me ha dado su explicación. Ya conozco sus motivos. No le doy mayor importancia. Y estoy disfrutando de este momento, estoy disfrutando de su compañía. Me gusta que su mano esté cogiendo la mía. Me gusta que me roce la cara y me acaricie el pelo mientras los dos estamos así, callados.
Ya no hablamos de casi nada, solo de que él tiene que irse y yo me quedo aquí. Y cada uno vuelve a su vida.
Me ha encantado verte Eva.
Yo no se lo digo, es más que evidente. Y entonces es cuando me besa en los labios y ya no puedo pensar, de repente vuelvo a la adolescencia, vuelvo a tener 14 años y estoy de nuevo en sus brazos.
Y tras un abrazo que nos cuesta deshacer nos dirigimos despacio a mi coche, le acerco a su hotel. Vuelve a besarme al bajar del coche. Nos prometemos vernos pronto de nuevo, aunque yo no creo que nos veamos en breve.
Yo no le digo nada. Le veo bajar del coche y espero a que se dirija a su hotel, pero no lo hace, se queda ahí, parado, en la acera, mirándome. Y yo estoy clavada y no puedo arrancar. Me quedo mirándole también, sin hacer nada, sin poder reaccionar, pensando en cuándo será la próxima vez que le veré y que una vez que arranque lo que siento en este momento se desvanecerá.
El momento mágico se rompe porque en Madrid, en doble fila, un autobús, los coches pitando. Le lanzo un beso, y arranco.
Miro por el espejo y ahí sigue, en la acera, mirando como me alejo.
Y lo único que deseo al llegar a casa es abrir el ordenador y encontrarme un mail suyo.

martes 20 de octubre de 2009

Calor

El calor se apodera de mi cuerpo, me estremezco al notar sus manos sobre mi.
Tengo los ojos vendados. Solo son sensaciones. Cada vez más intensas.
Deseo.
Ansiedad.
Frío.
Calor.
Demasiadas contradicciones.
Arqueo mi cuerpo buscando sus manos, imaginando donde estarán, cuál será la próxima caricia, el próximo roce, el próximo empujón.
Y me dejo llevar.